En medio de la polémica por la habilitación de una torre de 36 metros en su misma manzana, desde el Convento Santa Catalina de Siena denuncian que la peatonalización de Viamonte causó daños al edificio que tiene casi 300 años. El cura de la Iglesia decidió cerrarla y dar misa en la calle.
Construídos con adobe y sin cimientos que los sustenten, la Iglesia y el Monasterio de Santa Catalina de Siena son dos de los edificios más antiguos de la Ciudad junto con el Cabildo, la Iglesia del Pilar y la Iglesia de San Ignacio.
“Hemos decidido cerrar momentáneamente el tempo debido a los daños ocasionados por la peatonalización de la calle Viamonte que está llevando a cabo el gobierno de la Ciudad”, dice la nota que envió el padre Gustavo Antico. Un cartel en la puerta de la iglesia no dejó dudas: “Riesgo estructural”.
El cura notó que tras el comienzo de las obras de peatonalización de Viamonte que ejecuta el Ministerio de Espacio Público aparecieron rajaduras en las paredes de la iglesia, algunas que llegaban hasta el techo y habían causado desprendimiento de materiales.
En el gobierno porteño aseguraron a La Nación que antes de comenzar las obras, habían visitado el predio de Santa Catalina con un escribano y consignaron las grietas existentes.
Tras culpar al “martillo neumático”, Antico volvió a pedir que el área contigua a la iglesia y el convento se convierta en un área de preservación. Ese reclamo parece difícil de cumplimentar: la justicia habilitó la construcción de un gigantesco templo mormón a pocos metros.

Casi media manzana delimitada por Reconquista, Córdoba, San Martín y Viamonte está ocupada por el monasterio y la iglesia de Santa Catalina. En la otra mitad hubo hasta hace meses un estacionamiento. El terreno fue comprado hasta 2023 por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Hubo varios proyectos para esa manzana, pero ninguno logró pasar el filtro de la Legislatura. La orden mormona realizó un gran negocio: compró el terreno por 20 millones de dólares con baja capacidad constructiva y tiempo después, solo con la firma de un funcionario porteño lograron que el gobierno les habilite una obra de 29 mil metros cuadrados.
El gestor de la obra fue Bodas-Miani-Anger, el estudio que consiguió las más lucrativas excepciones al código durante el larretismo y continúa con excelentes contactos con el gobierno de Jorge Macri. El templo diseñado por BMA parece un tardío y poco inspirado homenaje a Francisco Salamone, cien años después del auge Art déco.
Tras el visto bueno de la Dirección de Interpretación Urbanística de la díscola Cristina Giraud, Karina Burijson habilitó el cambio de zonificación necesario para que en el terreno pudiera instalarse un culto religioso. No hubo cuestionamientos gubernamentales a la superficie ni el tipo de edificación. Poco después de dar luz verde al proyecto, Burijson fue removida de su cargo y nombrada en la Corporación Puerto Madero.
El visto bueno del gobierno impulsó a la Asociación Civil Basta de Demoler a presentar un amparo para frenar la obra. Cuestionaron la intervención de Interpretación Urbanística para esa superficie y también la altura del permitida. En primera instancia la Justicia les dio la razón, pero en la Cámara la medida se dio vuelta.
“En una reunión que tuvimos con los arquitectos de BMA, Rodolfo Miani nos aseguró que ningún edificio iba a ser más alto que la cúpula de la iglesia, que tiene 19 metros, pero hay uno que mide casi el doble. El estudio ni siquiera mostró los planos en la Justicia y el render que entregaron en los medios está mal hecho. Presentan Reconquista como una extensión de la plaza llena de árboles. La iluminación de los edificios tampoco coincide con la trayectorial del sol”, rechazó Ana Bas, de Basta de Demoler.
Desde el convento de Santa Catalina denuncian que las obras menores de la peatonalización de Viamonte causaron daños estructurales. La Ciudad autorizó una torre a metros del convento que tiene 280 años.
