Caputo sostuvo el superávit gracias a las privatizaciones y pateando pagos por 1,4 billones

El Gobierno volvió a mostrar superávit en marzo. Pero el dato, lejos de reflejar una mejora estructural, expone un resultado poco sostenible, basado en patear pagos de obligaciones legales y los ingresos extraordinarios de las privatizaciones en marcha.

Economía informó esta semana un superávit financiero de $484.789 millones. El resultado primario fue de $930.284 millones y, tras descontar $445.495 millones de intereses de deuda, se llegó al saldo final. En el acumulado, el superávit equivale al 0,2% del PBI y el primario al 0,5%, en línea con la meta pactada con el FMI de 1,4% anual.

Sin embargo, ese resultado tiene detrás un mecanismo cada vez más exigido. El economista Christian Buteler advirtió que el resultado base caja “esconde la deuda flotante de lo devengado no pagado”. En marzo, ese devengado no cancelado alcanzó los $1,4 billones. Es decir, compromisos asumidos que no se pagaron y que quedan como presión hacia adelante.

Nada marcha de acuerdo al plan

El problema es que para sostener el relato del superávit, el gobierno tiene que avanzar sobre partidas de fuerte impacto social., además de incumplir leyes como la del impuesto al combustible o la de financiamiento universitario. En el propio gobierno reconocen que si cumplieran con esas obligaciones, entrarían en déficit.

El problema es que para sostener el relato del superávit, el gobierno tiene que avanzar sobre partidas de fuerte impacto social., además de incumplir leyes como la del impuesto al combustible o la de financiamiento universitario.

El recorte disparó el colapso del Pami, al que Economía le debe unos 1.000 millones de dólares, así como los recortes en subsidios al transporte abrieron una crisis por la baja de frecuencias en el área metropolitana. 

El gobierno teme conflicto social en La Rioja y Tierra del Fuego y las incluye en el reparto de fondos de las provincias aliadas

Además, la combinación de ajustes de partidas nacionales con caída de la coparticipación por la baja de la recaudación por menor actividad, puso a varias provincias en un situación social tan límite que el susto llegó a la Casa Rosada, que tuvo que apurar un rescate con adelantos de coparticipación.

En paralelo, los números muestran el deterioro de la dinámica fiscal. Los ingresos totales cayeron 5,1% interanual en términos reales. Los tributarios bajaron 8%, reflejando el freno de la actividad. Los no tributarios subieron 38,9%, pero impulsados por ingresos extraordinarios vinculados a privatizaciones, como las represas del Comahue.

El gasto primario, en tanto, registró una caída real cercana al 5%. Ese recorte permitió sostener el superávit, pero explica el impacto en áreas sensibles. La mejora fiscal no vino por más ingresos, sino por menor gasto.

El Gobierno eligió priorizar la señal fiscal. La cuenta cierra. Pero lo hace apoyada en un ajuste que impacta en el nivel de actividad y en una deuda flotante que sigue creciendo por debajo de la línea. La pregunta ya no es si hay superávit. Es cuánto de ese número dibujado es sostenible en el tiempo.

Los datos de ejecución refuerzan esa lectura. Según el economista Martín Barrionuevo, el gasto primario cayó 5,8% real en marzo y el resultado primario también retrocedió 5,9%. En el acumulado del trimestre, el resultado primario muestra una caída de 0,3 billones a valores constantes de marzo.

La foto la completó Nadin Argañaraz., quien señaló que en el primer trimestre el superávit primario cayó 5% real interanual, mientras que el financiero subió apenas 1%. Pero al excluir los ingresos por privatizaciones, el resultado cambia fuerte: el primario se desploma 24% y el financiero cae 60,9%.

El cuadro que emerge es claro. El superávit se sostiene con postergación de pagos ineludibles, como las partidas del Pami y con ingresos extraordinarios. Cuando esos factores se aíslan, el resultado se debilita. El equilibrio aparece, pero con bases frágiles.

En ese esquema, el Gobierno eligió priorizar la señal fiscal. La cuenta cierra. Pero lo hace apoyada en un ajuste que impacta en el nivel de actividad y en una deuda flotante que sigue creciendo por debajo de la línea. La pregunta ya no es si hay superávit. Es cuánto de ese número dibujado es sostenible en el tiempo.

La deuda flotante por obligaciones impagas se dispara.Sin privatizaciones, el superávit se desploma hasta 60%.

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