Luis “Toto” Caputo habilitó las obras públicas en algunos municipios pero les pide a los intendentes que nos las publiciten para que no se entere Javier Milei.
En la última asamblea legislativa, el presidente se jactó ante el Congreso de eliminar la obra pública porque la considera “uno de los curros más grandes de la política”. Pero el freno de la actividad, que repercute en la caída sostenida de la recaudación y en el desplome del consumo, llevó al ministro de Economía a rever ese dogma libertario.
Como anticipó LPO, Caputo dio un ultimátum a sus funcionarios de Transporte y les advirtió que habrá despidos a mitad de año si no están licitados los 9.000 kilómetros de rutas de la promocionada “Red Federal de Concesiones”.
Pero la obra pública también empezó a aparecer de una manera silenciosa en el último trimestre en algunos municipios, donde se reactivaron trabajos menores, como el asfaltado de calles, que ya estaban licitados desde el gobierno anterior. Incluso se volvieron a licitar otras, en especial en municipios afines.
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El temor de Caputo es que se entere Milei y termine de rematar la obra pública, lo que no colaboraría con la reactivación económica. Por eso los intendentes tienen prohibido plantar los clásicos carteles de obra y tampoco pueden tuitear las fotos de avances. Ni siquiera pueden difundir la inauguración, la imagen más pretendida por un jefe municipal.
En política generalmente sucede al revés: los intendentes o gobernadores se atribuyen las obras que hace la Nación. En este caso, la obra la hacen las constructoras sin ningún político que se ufane de ella.
“Lo más curioso es que las hicieron a término”, ironizó un intendente bonaerense que ya pudo inaugurar algunas obras pagadas por la Nación en los últimos meses.
El ministro le prohíbe a los intendentes poner carteles en las obras y publicarlas en las redes sociales para que no se entere el presidente.
