Gabriel Bornoroni exhibió su acuerdo con la exdiputada radical Soledad Carrizo, quien fue designada como vocal del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) y se queda con el armado de la pata albirroja de La Libertad Avanza en Córdoba, con la mira puesta en la candidatura a gobernador del libertario.
De esta manera, se hace público que Carrizo es la elegida por Bornoroni para salir a la pesca de intendentes radicales que quieran participar del armado opositor hacia 2027, cuando Martín Llaryora ponga en juego su reelección.
Hace un año, cuando Javier Milei abrió el período de sesiones 2025, Carrizo había marcado fuertes críticas: “Las promesas mesiánicas no son el camino”, escribió en sus redes sociales cuando el Presidente finalizó su discurso. También apuntó: “No tuvo eufemismos en promover la intervención en el Poder Judicial. Redujo la obra pública en un mero negociado cuando sabemos que es un motor de la economía real”.
Sin embargo, desde hace varios meses Carrizo (cuya terminal es Alfredo Cornejo) comenzó a virar hacia La Libertad Avanza. En la banca que ocupó hasta diciembre, Carrizo acompañó casi todas las leyes clave del Gobierno. Y en octubre, apostó fuerte a la lista libertaria que encabezó Gonzalo Roca, mano derecha de Bornoroni. “Yo no me hice libertaria, pero aporto mi experiencia a un Gobierno que está cambiando al país”, repite a los suyos Carrizo.
Por su incondicionalidad a la estrategia electoral de Bornoroni, se ganó un lugar en la mesa no peronista y ahora sale a la pesca de la bolsa de “intendentes radicales”. Los jefes comunales son hasta ahora el principal activo de Rodrigo de Loredo en la construcción de su candidatura a gobernador.
Carrizo buscará llevar esa tropa al campamento de Bornoroni y, así, frustrar la estrategia del Gobierno provincial, que es llegar a la elección con la oposición fracturada en al menos dos grandes bloques.
Carrizo usará su banca en el Inaes para caminar por el interior provincial. En Córdoba, hay más de 250 cooperativas de servicios públicos desperdigadas en sendos municipios. Allí, las cooperativas son un estado paralelo, y sus presidentes tienen tanto peso (o más) que el jefe comunal. Esa será la apuesta territorial.
En ese plan, Carrizo se expone a chocar de frente con Gustavo Brandan, el ministro de Cooperativas del Gobierno de Córdoba, quien este año tendrá un rol clave en la estrategia de Llaryora: realizar, a través de las cooperativas, obras de urbanización en miles de lotes sociales que el peronismo se apresta a repartir para inclinar la balanza electoral.
Pero también, en su misión de engordar la candidatura de Bornoroni, buscará ser el “puente directo de los intendentes radicales con el Gobierno nacional”, una jugada para posicionarse como candidata a vice.
