La guerra en Medio Oriente empezó a pegar en la economía real y amenaza con complicar el control de la inflación que ya venía mostrando movimientos a la alza, uno de los principales objetivos del gobierno de Javier Milei.
El impacto se siente con fuerza en el campo, donde la suba del petróleo encarece dos insumos fundamentales: el gasoil y los fertilizantes. A pocas semanas de la cosecha gruesa, el combustible se convirtió en el principal factor de incertidumbre para los productores.
Según explicó a LPO un productor y asesor financiero, el margen del negocio se viene deteriorando. La soja mantiene un precio internacional estable mientras que los costos se dispararon: la urea subió de 550 a 750 dólares por tonelada, lo que duplicó la cantidad de quintales de trigo necesarios para cubrir ese insumo, por ejemplo.
A eso se suma un problema financiero cada vez más delicado. Apenas el 5% de la soja tiene precio fijado a un mes de la cosecha, mientras que en maíz el nivel no llega al 10%. “Tenés los cheques emitidos y no sabés a qué precio vas a vender”, resumió la fuente.
En ese contexto, los productores especulan hasta el último momento para liquidar cuando los cupos de entrega se consiguen con un aumento de entre 15 y 20 dólares por tonelada. En el agronegocio ya se registran niveles récord de cheques rechazados.
Pero el factor más urgente es el combustible. Un día de cosecha en un lote chico puede demandar mil litros de gasoil, con precios que rondan los 1.600 pesos por litro en campo. “Terminás necesitando un camión entero de soja para pagar el combustible”, graficaron en el sector.
El problema no es solo de abastecimiento sino de precio: el mercado descuenta que no habrá faltantes, pero sí una fuerte volatilidad en las próximas semanas, justo en el pico de demanda por la cosecha.
La Sociedad Rural Argentina alertó sobre el impacto directo del conflicto en los costos del agro y estimó que, en un comienzo, podrían subir hasta un 11%, aunque todo dependerá de la duración de la guerra.
El titular de la SRA, Nicolás Pino, visitó este martes al ascendente Adorni.
La entidad detalló que desde el inicio de las tensiones hasta el 25 de marzo el petróleo trepó entre 42% y 50%, mientras que el gasoil grado 2 aumentó un 22% en Argentina. En paralelo, la urea, fertilizante clave, subió un 36% en el mercado internacional y cerca de un 42% a nivel local.
El impacto de la guerra también golpea a la industria que ya sufre las políticas libertarias que desprecian la producción nacional. En el caso de los insumos petroquímicos comenzaron a dispararse sensiblemente. Un intermediario del sector dijo a LPO que en la última semana se registraron aumentos de hasta el 10% y detectó un incremento en las ventas que atribuye al stockeo y una leve ventaja con las marcas internacionales:
“Las fábricas están stockeando porque ven venir más aumentos”, explicó. El caso más claro es el de las resinas plásticas, insumo clave para múltiples cadenas productivas. Las multinacionales del sector ya trasladaron aumentos en dos tandas consecutivas.
La estadounidense Dow, por ejemplo, aplicó primero un aumento de 660 dólares por tonelada y luego otro adicional de 340 dólares en menos de dos semanas para toda América Latina.
En el sector explican que el principal factor no solo se produce por ser derivados del petróleo, sino el costo del flete internacional, que se disparó por el conflicto y encarece las importaciones.
Eso genera un efecto inesperado: mientras las grandes firmas globales trasladan automáticamente los aumentos, las empresas locales que combinan producción propia con insumos de China tienen menos márgenes pero ganan competitividad relativa.
“La guerra perjudicó fuerte a los importadores por el costo del flete, y eso hizo más competitiva a la producción local”, explicó una fuente del sector poniendo en valor la importancia de contar con un entramado industrial activo cuando las papas queman en el mundo.
Este combo de presión sobre el agro y la industria empieza a encender alarmas en el frente inflacionario que ya viene agitado. El encarecimiento de costos en dos sectores clave de la economía amenaza con trasladarse a precios en cadena y tensiona la estrategia de “Toto” Caputo, que apuesta a consolidar la desaceleración inflacionaria.
En el mercado ya advierten que, si la volatilidad internacional se sostiene, el ancla de precios del gobierno podría empezar a mostrar fisuras justo cuando la cosecha, clave para el ingreso de dólares, entra en su etapa decisiva.
En marzo, Dow anunció aumentos del polietileno (plástico) de mil dólares la tonelada
