Patricia Bullrich logró que más de 40 senadores se sentaran a sus bancas, antes de las 11:15, para que Victoria Villarruel diera inicio a la sesión por la reforma laboral. Los libertarios, que son 20 en total, llegaron al quórum con la ayuda de los 10 radicales, los tres del PRO y la mayoría de los legisladores que responden a los gobernadores.
La salteña Flavia Royón, la tucumana Beatriz Ávila y la neuquina Julieta Corroza, representantes en la Cámara alta de Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo y Rolando Figueroa, respectivamente, entraron enseguida al recinto. En un segundo pelotón, llegaron Carlos Camau Espínola y Alejandra Vigo, en sintonía con lo que mandan los hermanos Valdés en Corrientes y Martín Llaryora en Córdoba.
También aportaron con su presencia los misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Omar Arce, embajadores de Rubén Passalacqua y Carlos Rovira, el hombre fuerte de esa provincia. La chubutense Edith Terenzi completó los 41 que permitieron la apertura de la sesión, cuatro bancas por encima de las necesarias y pese a que el tablero electrónico registraba 38 cuando la chicharra dejó de sonar.
La cantidad de senadores dispuestos a debatir no se traslada automáticamente a la cantidad de votos para una ley pero, en este caso, el oficialismo confía en que podría superar las 40 voluntades.
Los gobernadores se impusieron y Toto Caputo sacó Ganancias de la reforma laboral
En ese sentido, los libertarios se ilusionaban con el eventual apoyo de algunos de los miembros del bloque Convicción Federal, integrado por los peronistas que reniegan del liderazgo de Cristina Kirchner y discuten la conducción que encarnan José Mayans, Juliana di Tullio y Anabel Fernández Sagasti.
Los peronistas díscolos son Fernando Salino, Fernando Rejal, Carolina Moisés, Sandra Mendoza y Guillermo Andrada. Si bien imperaba el hermetismo en su entorno acerca de cómo votarían, el kirchnerismo sembraba incertidumbre sobre la postura de Moisés, enfrentada a La Cámpora en la pelea por el PJ de Jujuy, Mendoza, que cumple las disposiciones de Jaldo, y Andrada, hombre del catamarqueño Raúl Jalil.

Al cabo del izamiento de la bandera, Bullrich tomó la palabra como miembro informante. Emperifollada en un traje naranja, la exministra de Seguridad ensayó un discurso de menos de un minuto en el que celebró que se debatiera “una ley laboral de la democracia” y anunció que le cedería la palabra a sus colegas Juan Cruz Godoy y Bruno Olivera.
Mayans y Fernández Sagasti patalearon porque el reglamento solo permite que distribuya la palabra quien preside la sesión. Sin embargo, Villarruel no hizo caso y habilitó el micrófono para el libertario chaqueño, que se despachó con una intervención deslucida aunque, según fuentes parlamentarias, Godoy es la apuesta de Karina Milei para disputarle la provincia a Leandro Zdero.
Se espera que la sesión se extienda hasta altas horas de la noche. La oposición, resignada ante la dificultad de reunir los votos para quebrar la mayoría de oficialistas y aliados, presta atención a la movilización de las centrales sindicales prevista para la tarde.

La UCR, el PRO y los senadores de los gobernadores ayudaron al oficialismo. Sospechan que los peronistas Moisés, Andrada y Mendoza podrían votar a favor.
